A vueltas con las emociones

¿Qué tal te llevas con tus emociones? ¿Las conoces o las silencias? ¿Sabes qué estás sintiendo en cada momento, ante cada situación o interacción?

El miedo, el enfado y la tristeza, junto con la alegría, son las emociones que manifestamos de recién nacidos y que constituyen el patrón de nuestro comportamiento.

El trato negligente de los padres cuando somos niños puede hacer que aprendamos a desestabilizar nuestro cuerpo para no sentir el dolor de las emociones reprimidas, o a sustituir emociones. Aprendemos a mostrar las que son aceptadas en el entorno que nos ha tocado y desplazamos otras.

Cuando somos mayores podemos pagar nuestro enfado con alguien más débil (hermano menor, un perro, un gato,…los hijos). Y para recibir la atención que necesitamos probamos con qué emoción recibimos más atención y, en función de los resultados, repetimos unas y reprimimos otras.

Cuando no nos ayudan a regular y sentir las emociones, y no las podemos liberar, vamos a intentar compensar, bien reprimiendo o bien bloqueando. En concreto, el miedo puede salir a través del enfado, la agresividad o podemos pedir ayuda para manejarlo. El miedo nos hace sentir impotentes y nos lleva a adaptarnos a lo que se espera de nosotros a cambio de PROTECCIÓN. Esto hace cambiar la forma de ser y estar para evitar enfados y en especial, el ABANDONO del otro.

Cuando somos niños tenemos miedo fundamentalmente a que no nos quieran, nos abandonen y quedarnos solos. Este es un miedo que reprimimos y nos va condicionando creando una estructura de personalidad defensiva o protectora.

Según van pasando los años vamos acumulando emociones, y vamos saltando en mayor o menor medida, llegando incluso a sorprendernos de las emociones desbordantes que salen de nuestro interior ante determinados acontecimientos o con determinadas personas. Según se acumulan, se potencian. Es por ello, que NO es el otro el que ME crea sentimientos o emociones, sino que en mí se activan emociones y sentimientos que ya tenía guardados y me hacen explotar y sentirme desbordado.

Para evitar esto, es necesario acudir al lado positivo de las emociones, ya que éstas nos dan información valiosa acerca de nuestros deseos, necesidades, aspiraciones, sueños,… y nos guían en la búsqueda de recursos, opciones, posibilidades, pudiendo llegar a desarrollar nuevas destrezas, habilidades y buenas relaciones con nosotros mismos y con los demás.

NO niegues tus emociones, cuando sientas enfado, rabia, …para y busca qué hay detrás, qué emoción se esconde, probablemente sea el MIEDO. Mira que te da miedo, qué deseas, qué necesitabas y no has recibido, qué no te atreves a pedir, qué temes perder. LOCALIZA QUÉ SIENTES, ACEPTA Y EXPRESA.

Cuando paras para ver qué está pasando, cuando localizas el foco de tus sentimientos, estás desactivando las emociones reprimidas. Estás dando voz a la sombra.

Cuando decides tan sólo enfadarte, gritar, maltratarte o maltratar, castigarte o castigar, estás inhibiendo la espontaneidad, la naturalidad, la flexibilidad y tu manera de relacionarte con la vida y con las personas de tu entorno. Te vas llenando de emociones, de sentimientos negativos, desagradables y dolorosos que van a haciendo que la vida te vaya pareciendo insoportable.

Cuando ha faltado el cariño de los adultos en la infancia tal y como lo necesitábamos, se va generando una coraza para no sentir el dolor por la falta de contacto. Comenzamos a defendernos de los demás, pero al final también de uno mismo. Se esconde nuestro verdadero SER.

En muchas ocasiones, cuando éramos niños, y hemos pedido ayuda en situaciones de miedo, nos han hecho de menos, diciendo que no había razón para tener miedo, que teníamos que ser valientes,… con estos comentarios el niño va aprendiendo a dejar de pedir ayuda y va reprimiendo el miedo, pues parece que no es una emoción correcta. No obstante, cada vez que ese niño, luego adulto, vuelve a sentir miedo, lo va sintiendo con más intensidad porque se activa una y otra vez, se reactiva y crece, pudiendo ser paralizante en alguna situación futura.

El miedo es contrario al amor y tiene una vibración densa que crea dolor en el cuerpo. Si cuando somos niños recibimos amor, compasión, tolerancia, paciencia, aprecio y amabilidad, vamos a sentir alegría y placer. Pero si sentimos miedo funcionaremos en la energía de la supervivencia, donde se activa el enfado, la agresividad, la necesidad, la ambición o la búsqueda de amor y el odio o rabia por no obtener lo necesario, así como la tristeza por nuestra condición.

 

Solo podemos liberar estas emociones con AMOR. Da un lugar a tus emociones, acepta con amor y cambia su función. Todas las emociones son buenas y cuando se las da su lugar, se transmiten y solucionan con amor. 

Si quieres saber más puedes leer el libro “Abraza a tu niño interior. Nunca es tarde para sanar tu infancia” de Victoria Cadarso.

Recuerda: Cuando sientas rabia o enfado, PARA antes de gritar, de insultar, de reprochar, y mira qué estás necesitando, qué es lo que estás sintiendo de verdad

Respira y Siente. La Vida se ve de otra manera

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