Meditación

Otoño

Desde el encierro, he encontrado más tiempo para compartir contigo. He pensado en aportar herramientas prácticas. Como meditaciones, frases, textos que puedan hacerte reflexionar y continuar llevando a la mirada a ti misma para seguir creciendo y dar un sentido constructivo a esta experiencia que nos ha tocado vivir.

¿Te apuntas?

Comienzo con una meditación de Anthony de Mello, dentro del libro «Una llamada al amor«.

Son meditaciones muy personales del autor, pero de las que se creo que se pueden sacar algunas reflexiones interesantes. Quédate con lo que tu alma necesite para expandirse.

Comenzamos:

Recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobada, aceptada, aplaudida,… Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general, o cuando lees un libro o ves una película que te gusta de veras. Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero,el producido por el hecho de ser elogiada. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia «glorificación» y «promoción» y es un sentimiento mundano, mientras que el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico.

Ahora, recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando obtienes algún éxito,cuando consigues algo que anhelabas, cuando «llegas arriba»,cuando vences en una partida, en una apuesta o en una discusión. Y compáralo con el sentimiento que te invade cuando disfrutas realmente de tu trabajo, cuando de veras te absorbe por entero la tarea que desempeñas. Y observa, una vez más, la diferencia cualitativa que existe entre el sentimiento mundano y el sentimiento anímico.

Por último, recuerda lo que sentías cuando tenías poder, cuando eras la jefa y la gente te respetaba y acataba tus órdenes, o cuando eras una persona popular y admirada. Y compara ese sentimiento mundano con el sentimiento de intimidad y compañerismo que has experimentado cuando has disfrutado a tope de la compañía de un amigo o de un grupo de amigos con los que te has reído y divertido de veras.

Una vez hecho lo anterior, trata de comprender la verdadera naturaleza de los sentimientos mundanos, es decir, los sentimientos de vanagloria,que no son naturales, sino que han sido inventados por la sociedad y la cultura hacer hacer que seas productiva. Dichos sentimientos no proporcionan el sustento ni la felicidad que se producen cuando contemplas la naturaleza o disfrutas de la compañía de un amigo o de tu propio trabajo, sino que han sido ideados para producir ilusiones, emoción, … y vacío.

Trata de verte a ti misma en el transcurso de un día o de una semana y piensa cuántas de las acciones que has realizado y de las actividades de las que te has ocupado han estado libres de deseo de sentir esas emociones e ilusiones que únicamente producen vacío; del deseo de obtener la atención y la aprobación de los demás,la fama, la popularidad, el éxito o el poder.

Fíjate en las personas que te rodean. ¿Hay entre ellas alguna que no se interese por esos sentimientos mundanos? ¿Hay una sola que no esté dominada por dichos sentimientos, que no los ansíe, que no emplee, consciente o inconscientemente, cada minuto de su vida para buscarlos? Cuando consigas ver esto, comprenderás cómo la gente trata de ganar el mundo y cómo, al hacerlo,pierde su vida. Y es que viven unas vidas vacías, monótonas, sin alma,…

Piensa en la siguiente parábola de la vida: un autobús cargado de turistas atraviesa una hermosa región llena de lagos, montañas, ríos y praderas. Pero las cortinas del autobús están echadas, y los turistas, que no tienen ni idea de lo que hay al otro lado de las ventanas, se pasan el viaje discutiendo sobre quién debe ocupar el mejor asiento del autobús, a quién hay que aplaudir, quién es más digno de consideración… Y así siguen hasta el final del viaje.

¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida? (Mt 16,26)

Una llamada al amor, Anthony de Mello, SJ